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ESPACIO 2017 - Centenario de la Revolución Soviética!

Secciones: El Problema Español -  Antiglobalización -  Economía

Título: BAJO LA DICTADURA DE LA OLIGARQUÍA FINANCIERA- Enlace 1

Texto del artículo:

dic mercAnálisis para intentar acercarnos al contenido social y político de la dictadura de clase a la que la clase obrera y los países dependientes estamos sometidos, comenzando por hacer una radiografía de la crisis, señalando consecuencias, responsables y beneficiarios. El papel de España dentro de la división internacional del trabajo, de la cadena imperialista. El monopolio, la oligarquía financiera y el capitalismo monopolista de Estado, lo que decían Marx, Engels y Lenin. Las etapas del imperialismo y el papel de los monopolios transnacionales. Nuestro enemigo de clase, la oligarquía financiera, y la alternativa, cambio del carácter de clase del Estado, dictadura del proletariado, transformar el modo de producción y construir el socialismo en lo político, económico, ideológico y cultural.


ÍNDICE



A.   Radiografía socioeconómica: el ajuste interminable.


B.   España, soberanía limitada por el imperialismo.


C.    El monopolio última forma de competitividad en el modo de producción capitalista y la oligarquía financiera.


D.   La órbita transnacional del imperialismo, contradicción y lucha de clases.


E.    Los Monopolios Transnacionales.


F.    Nuestro enemigo de clase: la oligarquía financiera española, catalana y transnacional.


G.   Nuestro objetivo final, la construcción del socialismo y el comunismo.


 



Radiografía socioeconómica: el ajuste interminable


La radiografía de España no deja de ser desalentadora, el índice de pobreza alcanza al 25% de la población (12 mill.)., vamos a la cabeza de la UE en tasa de paro con 6 millones, más de medio millón de trabajadores desalojados por los bancos protegidos por la ley capitalista del más fuerte y las fuerzas de orden “público”, recortes en sanidad y enseñanza, privatización de hospitales, empresas con amenazas de cierre (Roca, Telemadrid, Novabanco, etc.), que echa a la calle a miles de trabajadores para defender su empleo. El atraco a millones de pensionistas que ven como congelan sus pensiones para seguir pagando miles de millones de euros a los banqueros alemanes…


El Estado capitalista cumple así con su función clasista, recauda a los pobres para dárselo a los ricos, los recortes sociales y “rescates” financieros supone una operación en gran escala para la nacionalización de las pérdidas financieras que son pagadas con dinero público. La banca española debe más de 1 billón de euros a la banca internacional y desde que empezó la crisis se ha puesto en manos de los responsables de la misma, nada menos que medio billón de euros. Dentro de este “plan operativo” anti-crisis el gobierno del PP ha elaborado un programa de reformas (2012-15), que contempla el desvío creciente de dinero público al capital financiero, con el recorte de un 20% de los salarios para recuperar la tasa de ganancias del capital y la privatización del sector público (agua, sanidad, etc.).


Estamos ante un sistema de deuda externa que mantiene un neocolonialismo que obliga a seguir la política económica dictada por la TROIKA –FMI, BCE y Comisión Europea-, instituciones enteramente antidemocráticas ya que la mayoría de sus miembros son nombrados por los estados imperialistas (Alemania, EE.UU., etc.). La banca, responsable de la crisis, dispone de libertad absoluta para seguir especulando. El Señor Botín, los banqueros alemanes, españoles y catalanes, no deben preocuparse, pueden seguir pidiendo dinero al Banco Central Europeo a un 1% para luego especular con la deuda pública española exigiendo un 7% de interés. Fortunas como la de Amancio Ortega, propietario de Inditex, no paran de crecer, ya es la 2ª fortuna que más aumentó en el 2012 colocándose como la tercera persona más rica del mundo, detrás de Carlos Slim y Bill Gates.


Las revueltas, protestas, huelgas y movilizaciones que tanto molestan son crecientes y en medio de esta guerra de clases, ricos y pobres, financieros y proletarios, aparece una nueva cortina de humo, como la inmigración es ya un “chivo expiatorio” gastado y la telebasura es insuficiente para distraer a las masas que se rebelan, se busca una cortina de humo, los sueldos de la denominada “clase” política. Para contener el gasto público de los Estados amenazados por el capitalismo financiero transnacional propio y foráneo, no sólo hay que aplicar recortes sociales, sino también contener, recortar y hasta suprimir los sueldos de los “políticos”, y aquí meten en el mismo saco a todos, tanto los que cobran grandes sueldazos, como los miles de militantes obreros y de izquierda que no cobran nada, o cobran lo mínimo. El objetivo, imponer el proyecto tecnócrata, la oligarquización de la política donde deciden los “expertos” del capital, para reducir y dejar sin capacidad de decisión a parlamentos, ayuntamientos, CC.AA., etc., ¡total ya decide la TROIKA y la plutocracia (1) por nosotros!.


No deja de ser un escándalo que cargos públicos cobren sueldos prohibitivos como Cospedal (Castilla La Mancha), o Belloch (Zaragoza) 158.000 y 109.000 euros anuales. Pero cuando dicen recortar esos sueldos para recaudar nos venden gato por liebre en doble sentido. Primero, porque nos quieren imponer el gobierno de la plutocracia sin matices, los ricos quieren ser los únicos que pueden hacer política, la de su clase, y los pobres, los proletarios no. ¿Se puede meter en el mismo saco a un cargo público que cobra el salario medio o un concejal que cobra 300 euros brutos al mes que a la señora Cospedal?. Segundo, no es que no haya dinero, lo hay, prueba de ello es que el nivel de gasto social público en España está ¡¡¡22 puntos por debajo del PIB por habitante!!! (producción por persona). El Estado y las CC.AA. podrían recaudar recaudar ¡¡¡66.000 millones de euros más al año!!!, y destinarlo a ampliar el estado de bienestar y empleo público. Ese dinero que falta, es parte de las plusvalías, tasas de ganancia e interés que el capital no grava, no paga impuestos, y ni el Estado, ni las CC.AA., lo recaudan. El gasto social que aquí en España nunca ha alcanzado la media de la UE15 ¡¡¡está volviendo a bajar hacia niveles de la dictadura franquista que era de 8 puntos menos!!!.


Nada de gravar las rentas del capital, nada de tocar las subvenciones millonarias que el Estado aconfesional sigue pagando religiosamente (nunca mejor dicho) a la Iglesia. Que sigamos siendo los que dependiendo de un salario contribuyamos con el 80% de los impuestos directos y otro tanto de los impuestos indirectos. Mientras monopolios financieros, industriales y comerciales, que explotan y sobre-explotan a sus trabajadores, seguirán siendo los que menos pagan. No es de extrañar que España sea junto a EE.UU. los dos países capitalistas de la OCDE que menos impuestos se pagan, los ricos claro. Para dejarlo más claro, la gran banca y la gran patronal en España pagan 5 veces menos de lo que pagarían en Suecia.


En esta crisis, ningún banquero ha sido juzgado en nuestro país, es más, cuando algunos se han visto apretados con la soga al cuello, han recibido el indulto del gobierno de turno. Lo último que hizo Zapatero ¡¡¡cuando era presidente en funciones!!! fué indultar al Consejero Delegado del Santander Alfredo Sáez. Y actualmente Rajoy no para de emitir indultos relativos a tráfico de drogas, prevaricación, estafas, etc. La ley que la han utilizado indistintamente los gobiernos neoliberales PP y PSOE, data de 1870 de la España caciquil de Cánovas, Sagasta y Alfonso XII, carece de control judicial o parlamentario. El último indulto ha sido el perdón a 4 mossos d´esquadra condenados por torturas (2).


Estamos ante una dictadura de clase social, por eso para intentar taparla sacan los sueldazos de algunos cargos públicos, para desviar la rabia, ya que últimamente nos estamos metiendo demasiado con los bancos, con los poderosos. Pero se quedan cortos. ¿Porqué no nos dicen que los 70 sueldos de todos los alcaldes de capitales de provincia y presidentes de comunidades y del gobierno juntos equivalen casi a un solo “sueldo”, el de Emilio Botín?. Eso sin contar su patrimonio valorado en miles de millones de euros.


Pues sí, destapemos un poco la caja de Pandora, para que nuestra rabia se dirija a nuestros explotadores, los que nos recortan salarios, los que nos despiden, los que nos incumplen convenios, los que nos desahucian, los que nos disputan patrimonio público, hospitales, escuelas, etc., y quienes les representan con sus políticas impopulares. Estos son algunos “sueldos” blindados de directivos, presidentes y consejeros delegados de algunas empresas españolas del IBEX35 en el 2011 (3):


Ø  PABLO ISLA PRESIDENTE INDITEX 18 MILL.


Ø  ALFREDO SÁEZ CONSEJERO DELEGADO SANTANDER 12,5 MILL.


Ø  ANTONIO BRUFAU PRESIDENTE DE REPSOL 10,5 MILL.


Ø  CÉSAR ALIERTA PRESIDENTE DE TELEFÓNICA 10,3 MILL.


Ø  JOSE IGNACIO SANCHEZ GALÁN PRESIDENTE IBERDROLA 9,3 MILLONES.


Ø  JUAN LUIS CEBRIÁN CONSEJERO DELEGADO GRUPO PRISA 8,2 MILLONES.


Ø  JULIO LINARES CONSEJERO DELEGADO TELEFÓNICA 7,3 MILL.


Ø  MATÍAS RODRÍGUEZ INCIARTE VICEPRESIDENTE DEL BANCO DE SANTANDER 6,5 MILL.


Ø  FLORENTINO PÉREZ PRESIDENTE ACS 6 MILL.


Ø  ANA PATRICIA BOTIN DIRECTIVA FILIAL BRITÁNICA DEL SANTANDER 5,5 MILL.


Ø  EMILIO BOTIN PRESIDENTE SANTANDER 5,1 MILLONES.


Ø  FRANCISCO GONZÁLEZ PRESIDENTE DEL BBVA 5 MILL.


Ø  JOSE MANUEL ENTRECANALES PRESIDENTE ACCIONA 4,6 MILL.


Ø  FELIPE BENJUMEA PRESIDENTE DE ABENGOA 4,5 MILL.


Ø  RAFAEL VILLASECA CONSEJERO DELEGADO GAS NATURAL 4,2 MILL.


Ø  ANGEL CANO CONSEJERO DELEGADO DEL BBVA 3,6 MILL.


Ø  RODRIGO RATO 2,44 MILL. PRESIDENTE BANKIA (actualmente recalado en Telefónica).


Ø  JOSE MANUEL VARGAS CONSEJERO DELEGADO DE VOCENTO 3,12 MILL.


… Eso sí, sin perder de vista además las indemnizaciones multimillonarias, las jubilaciones de oro, el Banco de Santander ha llegado a indemnizar más de 100 millones de € a uno de sus gerentes.


Pero es que además en España existen 1500 grandes fortunas por encima de los 24 millones de € anuales, de las cuales sólo pagan impuestos 65, un 4%. Y existen 1400 personas que controlan un capital equivalente al 80% del PIB de España, donde se incluye también la burbuja del fraude fiscal.


Por si fuese poco, el Estado y las CC.AA. destinan cada año 400 millones de € para pagar con dinero público a 35.000 liberados que la patronal tiene en las empresas privadas. Eso sí, para que nos exploten “científicamente” mejor.


¿Por qué tenemos que olvidar a estos opresores del IBEX 35 que nos aplastan y explotan?.


¿Por qué el Estado sólo cobra impuestos desproporcionadamente a los trabajadores?.


¿Por qué el Estado decide redistribuir los impuestos recaudados hacia los banqueros y no hacia la sanidad y las pensiones?.


¿Para qué subvencionar a quienes nos explotan, cuando al mismo tiempo se está atacando la negociación colectiva y la representación sindical de los trabajadores?.


¿Por qué los Juzgados y la Policía desalojan familias de sus viviendas cediéndoselas a bancos que han recibido miles de millones de dinero público? Por ejemplo, La Caixa que ha forzado junto a la banca europea las mismas políticas neoliberales, que controla parte de las acciones de transnacionales españolas que saquean la periferia (Repsol, Gas Natural, Abertis…) también se ha arremangado en la labor de desahuciar a miles de familias.


¿Por qué pasa esto sin que el Estado defienda los intereses de la mayoría?.


La respuesta es sencilla, el Estado capitalista español tiene un carácter de clase, la de la clase dominante, explotadora, y por tanto, sus políticas, y sus aparatos jurídicos, ideológicos y represivos, acompañan y obedecen a las relaciones de producción del sistema capitalista imperante. Ni más, ni menos.



España, soberanía limitada por el imperialismo


A partir de la crisis de 1973, la oligarquía financiera española renuncia definitivamente al desarrollo de una red industrial propia, centrándose en sectores de menor riesgo (telecomunicaciones, informática, energía) con la privatización desde la década de los 80 de casi la totalidad del sector público, de empresas rentables y con beneficios, que fue aprovechada para financiar la expansión transnacional (Telefónica, Repsol, etc.), la potenciación del sector servicios, y la cesión del mercado productivo y comercial español a las Transnacionales de capital extranjero, que se han apropiado de la mayoría de los sectores productivos (auto, bienes de equipo, químicas, alimentación, etc.), excepto la construcción que requiere poco capital fijo siendo el sector con el mayor destacamento de la fuerza de trabajo sobreexplotada, lo que ha generado un ciclo de dependencia e integración de la economía española como periferia en la órbita de los imperialismos dominantes.


Carente de tecnología propia y avanzada el capitalismo español de desarrollo intermedio en la cadena imperialista, se muestra impotente para competir abiertamente en los mercados internacionales frente a las grandes potencias capitalistas detentadoras de las tecnologías punta y del control de las instituciones económicas y financieras del sistema capitalista, lo cual ha permitido que las potencias imperialistas europeas exporten y descarguen su crisis interna sobre los mercados de los capitalismos intermedios como el español.


Tal dependencia se amplió a partir de la incorporación a la UE y la OTAN, con la desintegración de parte de sectores de industria pesada, agricultura, ganadería y pesca, impuesto por la división imperialista del trabajo, que ha ido terciarizando la economía española. Tendencia que se aceleró desde 1993 con Maastrich y el gobierno neoliberal PSOE-CiU. Con datos del periodo 1.991-97, el sector servicios se sitúa en el 61,5% de la actividad con un incremento de 9,5 puntos, el sector industrial baja al 20% perdiendo 14,8 puntos, el sector de la construcción se mantiene con 9,8% (siendo la construcción de viviendas la actividad que más incrementa la acumulación de capital a partir del 2.000) y el sector agrario baja a 8,7%, perdiendo 17,5 puntos.


El modelo de crecimiento económico de los últimos años (2.000-07) se ha basado en los bajos salarios, la especulación rentista, el impulso de la construcción de vivienda residencial y el sector servicios (hostelería y asistencia domiciliaria), proveedor de empleos de bajos salarios, que integra una gran parte de los más de 4 millones de obreros inmigrantes sin derechos, etc., aspectos que en su conjunto y sin una política industrial pública, han rebajado los costes laborales, dando grandes beneficios empresariales centrados en la construcción y en los servicios de bajo valor añadido.


Los gobiernos del PSOE y del PP han aplicado las medidas legales y fiscales que han dado alas a la burbuja inmobiliaria, como la ley del suelo del PP. El precio de la vivienda creció un 106% desde que se estableció el euro en 1999 hasta el 2007, mientras que los salarios nominales crecieron un 8%. Los salarios han financiado la sobreproducción de mercancías mediante el dogal del crédito, junto a la plusvalía sacada del proceso productivo el proletariado se ha visto cada vez más obligado a devolver una parte creciente de su salario en créditos e hipotecas, y no es que hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades, sino que hemos perdido poder adquisitivo, nuestros salarios han estado por debajo de nuestras necesidades, lo que Marx caracterizaba como el empobrecimiento absoluto de la clase obrera (causa final de la crisis).


Los bancos han promovido el endeudamiento hipotecario a límites gigantescos, era la “España va bien” de Aznar, en la que el Banco de España hacía la vista gorda. Entre el 2000 y el 2007, el crédito a la actividad productiva se multiplicó por 3, mientras que el de la actividad inmobiliaria se multiplicó por 9.


Ello no quiere decir que el capital financiero español no tenga presencia en la industria. La Caixa por ej., se ha constituido en el primer grupo industrial en todo el Estado a través de su participación en numerosas actividades de la industria. Aun así más del 50% de la industria privada depende de las inversiones del capital extranjero. El desembarco del capital extranjero a España en la última década (1998-2007) se ha multiplicado por 10 (4 billones de las antiguas pts.), por lo que la dependencia tecnológica e industrial es patente.


Decía Lenin que el proceso rápido de la concentración de la producción en empresas cada vez más grandes es una de las peculiaridades del imperialismo. En España, de todas las sociedades sólo un 5,2% manejan un capital que representan el 65% del total. Los 5 mayores grupos siderúrgicos producen una facturación del 60% del total, en el mercado español de carburantes, Repsol y Cepsa poseen el 73% del mercado, Gas Natural es líder absoluto como distribuidor de gas con el 84% del mercado; en electrodomésticos las 4 mayores empresas controlan casi el 50%, en distribución de alimentos las 5 más grandes empresas poseen una cuota del 60% del mercado. Significativa es la concentración en el sector eléctrico que desde 2003 de 14 empresas, sólo quedan 5, Endesa tiene 22 millones de clientes en todo el mundo, 7 de las 9 centrales nucleares en España, líder en potencia instalada, facturación y beneficio, y la principal empresa minera con el 37% de la producción. Iberdrola tiene 12 mill., de clientes, genera el 28% de la energía eléctrica y el 40% de la distribución.


Las grandes empresas españolas apenas suponen el 0,1% del total, pero tienen un volumen de negocio del 40% y concentran casi el 20% del empleo. Sólamente 100 empresas controlan el 45% de las exportaciones. Solamente las 12 mayores empresas, sin contar los bancos, tuvieron unos beneficios de 57.000 mill. € en el 2007, equivalente a todo el presupuesto del Estado destinado para infraestructuras, educación, dependencia, desempleo, vivienda e I+D en el 2009.


Paralelamente se da un fenómeno nuevo desde los 90, Transnacionales españolas que exportan capital (se ha pasado de 0,1 billón a 2,6 billones en los últimos años), empresas que como Repsol, FECSA-Enher y Telefónica (esta última entre las 200 primeras Transnacionales), explotan recursos naturales y extraen plusvalía en el extranjero, fundamentalmente en Latinoamérica, Portugal y tras la subordinación de la política exterior al imperialismo yanqui (guerras de Afganistán e Irak), el capital español viene recibiendo sus dividendos en Oriente Medio. Son las antiguas empresas públicas privatizadas en la época de Felipe González y Aznar, que se convirtieron en transnacionales comprando empresas latinoamericanas a precio de saldo, que obtienen más ganancias por sus filiales que aquí.


Sobre la concentración bancaria. En 1990, los 9 grandes bancos poseían una cuota de mercado del 52,5%. En este momento las 4 primeras entidades financieras tienen una cuota de mercado del 57,5% %. Santander, BBVA, La Caixa y Caja Madrid (Datos FRS Inmark, 2006). Solamente el Grupo Santander (Santander y Banesto) disponen del 45,23% de la capitalización bursátil española (50.205 mill. €). El Santander pasó  del 10º al 4º banco mundial (2.004-2.008) mientras el BBVA ha pasado del 20 al 11º (2.005-2.009). Ambos son el primer y el tercer banco en América Latina, dirigiendo y determinando la política económica local. En cuanto a beneficios netos, a pesar de la crisis, el Santander ha subido hasta el primer puesto mundial con 8.876 mill. € en el 2.008. La oligarquía financiera española se ha concentrado y centralizado pasando de los 9 bancos a dos conglomerados dirigidos por el BSCH y el BBVA, a la misma vez que se ha producido un mayor control sobre los aparatos del Estado (medios de comunicación, y organizaciones políticas sistémicas). España se ha convertido en un Estado acreedor, importador de capitales en concepto de Ayuda Oficial para el Desarrollo. Por ej. Uganda recibió en 1.997, 76 mill. de pts. y devolvió 204 mill., con lo que España recibió 128 mill. de beneficios por este concepto (4). Los créditos FAD se han convertido en un mecanismo de explotación del gobierno español hacia determinados países de la periferia.


No obstante, el hecho de que la oligarquía financiera española se haya incorporado al club de las burguesías imperialistas (concentración bancaria, monopolio financiero e influencia mundial con escaso desarrollo), no varía la situación de España en la cadena imperialista, situándola en un término medio (semi-periferia), en cuanto al reparto del proceso de acumulación mundial de capital, al disponer de escasos recursos productivos propios. España es una formación social capitalista en la fase del imperialismo, con un capitalismo monopolista de Estado de economía dependiente, semiperiférica, subordinada a los poderes centrales del imperialismo entre EE.UU, y el eje Francia-Alemania.


Políticamente desde 1.982 se alternan dos grandes partidos electorales a nivel del Estado -PP y PSOE- en el gobierno, desarrollando el mismo proyecto político marcado por el neoliberalismo, la precariedad y dualidad del empleo, el recorte de las prestaciones sociales y las privatizaciones.


Estos partidos están patrocinados por la banca y las grandes empresas, con las que mantienen estrechas relaciones. Los cargos políticos de ambas organizaciones no son ajenos a los organismos de la Trilateral (FMI, OMC, Club Bilderberg…) a los cuales pertenecen o han pertenecido destacados políticos, empresarios y banqueros de la órbita bipartidista neoliberal: Pedro Solbes, Trinidad Jiménez, Joaquín Almunia (PSOE), Abel Matutes, Rodrigo Rato, Fraga (PP), Ana Botín (Banesto), Emilio Ybarra (expresidente BBVA), Alfonso Cortina (Inmobiliaria Colonial y Repsol-YPF), etc. Ambos partidos dominan el Estado, la sociedad civil, y su monopolio mediático se asegura de acaparar la opinión pública, además de garantizar las fuentes de financiación, y aunque el PSOE dispone de una amplia base social obrera, representan igualmente la gestión de gobierno de los intereses de las fracciones de la burguesía dominantes en la acumulación de capital de la formación social española. El PP responde más a los intereses de la oligarquía ligada a las estructuras del franquismo (Ybarra, Botín, Radio Popular, Bankia, Endesa…) y a nivel internacional más alineado con el imperialismo yanqui, y el PSOE que responde más a los intereses del capital financiero menos ligado a la estructura franquista (La Caixa, Prisa, Sogecable…) más alineado con el imperialismo dominante en la UE (Alemania y Francia).


Si preguntamos, quién ostenta hoy el poder político en España hay que responder que son las oligarquías financieras transnacionales propias y foráneas, a través del régimen bipartidista PP-PSOE, que renuncia y cede la soberanía económica, política y militar a las instituciones extranjeras e imperialistas –OTAN, TROIKA, EE.UU., UE-.



El monopolio última forma de competitividad en el modo de producción capitalista y la oligarquía financiera


La acumulación de capital conduce al monopolio, las leyes descubiertas por Marx ya señalan el carácter relativo de la competencia, Marx vislumbró la tendencia hacia la centralización y concentración de capital, de este modo la libre competencia capitalista generaba su contrario, el monopolio. Lenin lo remarcaría señalando que la libre competencia capitalista es sustituida por la rivalidad o competencia de los monopolios capitalistas, la libre competencia es la característica fundamental de la producción del capitalismo y la producción mercantil en general, mientras que el monopolio fruto de la gran producción, es todo lo contrario: por ej., en los años 70 del S.XX en EE.UU. 2 empresas ya controlaban el 90% de los motores de avión, 3 el 80% de la producción de aviones, 3 el 80% de la producción de aluminio, 3 el 100% de la producción de automóviles, etc.


Pero el monopolismo, no es una fase en la que el capitalismo competitivo desaparezca. Ninguna de las leyes propias del Modo de Producción Capitalista se modifican. Marx en Miseria de la Filosofía adelantaba que el monopolio no puede mantenerse sino librando continuamente la lucha por la competencia. Los monopolios de hoy agudizan e intensifican la competencia, no la descarta sino que modifica sus métodos y su forma. Una lucha enconada se libra entre monopolios de una misma rama, entre monopolios de distintas ramas, entre los monopolios y las empresas no monopolistas, así como dentro de los propios monopolios.


Utilizan a los Estados capitalistas para favorecer sus intereses tanto en el interior como en el exterior con medidas proteccionistas y fuertes subvenciones estatales para romper la competencia externa tanto de los monopolios de otros países imperialistas como de los países dependientes de la periferia. Precisamente en la actual fase monopolista de acumulación de capital es cuando el adjetivo competencia o competitividad es más utilizado que nunca. El monopolio lo único que hace es cambiar la forma de esa competencia, donde bajo el predominio del capital financiero, el capital cobra un carácter social y colectivo en el que los beneficios se planifican bajo estrategias de hacer más competitiva y con menor coste la producción. Competencia, ganancia máxima y acumulación basada en la explotación del trabajo asalariado, siguen siendo los tres principios de este modo de producción.


Cuanto más aumenta la masa mundial de proletarios más desenfrenada es la competencia entre los monopolios de diferentes países. Ya no se trata sólo de producir más, y de ampliar más la acumulación de capital, sino hacer más barato el proceso productivo, donde los salarios pasan a ser el principal objetivo de la competitividad. Los monopolios (sociedades por acciones) dentro de un sector o de forma combinada entre las diferentes actividades económicas colocan sus capitales allí donde la tasa de ganancias sea más alta.


Esta es la etapa en la que se separa la propiedad de la dirección de las empresas. El capital se ha socializado, una casta de rentistas, parásitos, cortadores de cupón, viven de dividendos, acciones y la especulación bursátil, mientras las tareas prácticas de dirección la ejercen ingenieros y gestores especializados. Es tal y como nos dijo Marx en El Capital, la expropiación de unos capitalistas por otros en beneficio de unos pocos poderosos, donde


“El capital, que de por sí se basa en el modo de producción social y que presupone una concentración social de medios de producción y de fuerzas de trabajo, adquiere aquí directamente la forma de capital social (capital de individuos directamente asociados) por oposición con el capital privado, y sus empresas aparecen como empresas sociales en contraposición a las empresas privadas. Es la abolición del capital como propiedad privada dentro de los límites del propio modo capitalista de producción” (5).


El capitalista activo se transforma en “un mero director, administrador de capital ajeno, y de los propietarios de capital en meros propietarios, en capitalistas dinerarios…”, se separa la función de dirección de la propiedad del capital (6). Más adelante Engels añadiría (7) que el paso de las sociedades anónimas a los truts que subordinan y monopolizan a ramas de la industria, ya no sólo desaparece la producción privada sino que también desaparece la falta de planificación.


A este respecto Lenin nos definía al imperialismo como capitalismo monopolista (predominio de los monopolios), parasitario o en descomposición (predominio del capital social sobre el capital privado) y moribundo (crisis general). 


Por el contrario, economistas como Galbraith ven en este proceso  de monopolización, una transformación de la naturaleza del capitalismo, la cual consiste en la apuesta por su supervivencia y eternización donde los ejecutivos de las empresas forman una nueva clase social (tecnoestructura), producto de la nueva “revolución managerial”. La realidad es que estos gestores están vinculados al sector más fuerte dentro de los monopolios (la oligarquía financiera), y aparecen en su representación frente a los pequeños accionistas. Una sola parte de los accionistas controlan los monopolios, apoyado por una pléyade de economistas, gestores, ingenieros, abogados y profesionales, arropado con el mayor número de votos en los consejos de administración. La mayor parte de los accionistas de los monopolios no son realmente dueños de la empresa, sino simples prestamistas de su dinero a cambio de dividendos. Esto favorece el control sobre el monopolio de una minoría: la oligarquía financiera.


A lo largo de la historia han existido varias formas de monopolios (pool, trust, holding) entre los que se establecen acuerdos coyunturales en torno a precios, territorios y mercados. La situación de monopolio permite comprar más barato y vender más caro, de manera que una pequeña empresa subsidiaria que trabaje para un monopolio, tiene dos alternativas, reducir su beneficio para mantener el precio o aumentar este. En este marco las empresas subsidiarias que suministran a los monopolios en una cadena productiva, disponen de escasos márgenes comerciales. A este respecto suele decirse que el monopolismo es un fenómeno de proletarización de la pequeña burguesía (pequeñas empresas), no obstante de forma contradictoria en la actual fase de flexibilización laboral y económica, el monopolio a través de las empresas red ha promovido en los últimos 20 años infinidad de pequeñas y medianas empresas de diferente nivel. Esa red de pequeñas empresas que superviven en torno a los monopolios, son su válvula de escape al trabajar con escasos márgenes de beneficio, que a la mínima caída de precios deben cerrar o deslocalizar. El monopolio nunca pierde. La subida de precios que tiene que ver con el poder de mercado que gozan los monopolios, no deja de ser un freno a la creación de empleo ya que este siendo mayor en las pymes que en la empresa central, sobre ellas recaen los costes de los precios más elevados que les imponen los monopolios. Las grandes empresas disponen de fondos propios y no necesitan de la financiación bancaria, mientras que las pymes dependen enteramente de los préstamos para financiar su actividad.


La movilidad de capital es menos intensa en los monopolios, con lo que la nivelación de la tasa de ganancia(ganancia media) se retarda más, lo que implica que los monopolios disponen de un margen amplio para la obtención de la ganancia extraordinaria (beneficios por encima de la ganancia media). También promueve la rigidez en el progreso tecnológico, por los elevados gastos de capital constante que moviliza (alta composición orgánica de capital), adquiriendo patentes para impedir su difusión, alargando de esta manera los márgenes de ganancia extraordinaria.


Llegados a este punto se manifiesta de forma clara que las relaciones de producción y su superestructura han dejado de corresponder de forma contundente a las fuerzas productivas y en lugar de contribuir a su desarrollo se encuentran en abierta contradicción. Para Marx el monopolio ejercido por el capital se convierte en traba del modo de producción que ha florecido con él. La concentración de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en el que son incompatibles con la corteza capitalista, lo que marca la tendencia histórica de la acumulación capitalista, donde las sociedades anónimas pasan a ser una forma de propiedad privada sin control de la propiedad privada que aparecen como prototipo de una nueva forma de producción,


“…un punto de transición necesario para la reconversión del capital en propiedad de los productores, pero ya no como la propiedad privada de los productores aislados, sino como propiedad de ellos en cuanto asociados, como propiedad directa de la sociedad. Por otra parte, es un punto de transición para la transformación de todas las funciones que en el proceso de reproducción han estado vinculadas hasta el presente con la propiedad del capital, en meras funciones de los productores asociados, en funciones sociales” (8).


Prototipo, punto de transición, que sin embargo de por sí, sin el desarrollo de la lucha de clases, no suprimen el régimen capitalista. Engels lo clarifica en el Anti-Duhring:


“…ni la transformación en sociedades por acciones, ni la transformación en propiedad del Estado priva a las fuerzas productivas de su cualidad de capital; el caso es evidentísimo para las sociedades por acciones. A su vez el Estado moderno cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista; es el Estado de los capitalistas; es el capitalista colectivo ideal. Cuanto más fuerzas productivas se apropia tanto más se convierte en un verdadero capitalista colectivo, más ciudadanos explota. Los trabajadores siguen siendo asalariados, proletarios; el capitalismo no se suprime, muy al contrario, se extrema…” (9).


De ahí que la centralización de fuerzas productivas en manos de los monopolios y el Estado capitalista sean para Marx y Engels la clave, pero nunca la solución de las contradicciones, ya que ni Napoleón, ni Metternich, ni Bismarck con las medidas estatales de nacionalización en el S.XIX (ferrocarriles, tabaco…) transformaban en su época para nada las relaciones de producción capitalistas, sólo las desarrollaban hacia su forma másextrema. Tal contradicción sólo se superará


“…tomando posesión la sociedad, de un modo abierto y sin rodeos, de las fuerzas productoras  que se han sustraído a su dirección. De esta manera los productores plena y conscientemente hacen que prevalezca el carácter social de los medios de producción y de los productos, carácter que hoy se vuelve  contra los mismos productores, que rompe periódicamente la producción y el cambio…La forma de producción capitalista, transformando progresivamente en proletaria la gran mayoría de la población, crea  la fuerza que, bajo pena de muerte, está obligada a realizar esa revolución.  Impulsando progresivamente a transformar los grandes medios de producción, en propiedad del Estado, indica los medios de realizar semejante revolución. El proletariado se apodera del poder del Estado y transforma, desde luego, los medios de producción en propiedad del Estado.”(10).


Por tanto, la propiedad individual de los capitalistas sólo puede ser abolida por decreto, de golpe, como un aspecto y efecto inmediato e indispensable de la conquista del poder de la clase obrera con el derrocamiento del régimen capitalista actual.


Ya, en la sociedad capitalista actual, la gestión (administración, dirección) de la mayor parte de estas fuerzas productivas está separada de la propiedad individual capitalista: los capitalistas son accionistas que no participan a menudo directamente en su gestión (separación entre la dirección y la propiedad). Los medios técnicos para la planificación de las actividades económicas en el ámbito local, estatal y mundial, son preparados en el capitalismo.


El capitalismo se ha caracterizado por un gran desarrollo de la planificación dentro de cada empresa mediante el trabajo organizado yendo a formas cada vez más complejas de cooperación, tal es así que la base de la producción capitalista es la cooperación y no la competencia mercantil que queda restringida a la esfera de la distribución. A medida que se ha ido desarrollando la concentración del capital y de grandes empresas el Estado capitalista interviene planificando para regular las condiciones de la producción y del mercado capitalista. La planificación capitalista, aplicada hoy por los grandes complejos industriales entre secciones de una misma unidad productiva y entre unidades productivas que dependen de un mismo grupo financiero a pesar de que estén esparcidas por los cuatro ángulos de la tierra, ha preparado todo lo que es necesario para la planificación propia de la sociedad socialista.


Lo que distingue al capitalismo del socialismo no es la planificación, sino el quién y para qué se planifica, el capitalismo se caracteriza por la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter capitalista de su propiedad y apropiación.


Ya hemos dicho que sobre los monopolios capitalistas se levanta la oligarquía financiera, fracción hegemónica del capital, producto de la fusión del capital industrial, bancario y comercial. Desde principios del S.XX gracias a Hilferding y Lenin sabemos que la oligarquía financiera con un capital global muy inferior a la mitad dispone del monopolio industrial y comercial en el ámbito de la producción y el intercambio, y del monopolio financiero con el control de toda la masa dineraria acumulada en bancos, industrias, comercios o renta del suelo. Y desde entonces también sabemos que el control de una compañía puede mantenerse con sólo poseer incluso menos de un 20%, ya que los pequeños accionistas dispersos no participan en las asambleas generales.


Desde entonces sabemos que oligarquía financiera a través de los monopolios internacionales (Transnacionales) y sus Estados se reparten el mundo y los mercados (por ejemplo el petróleo). Ya a fines del S. XIX (1.880) el surgimiento del capitalismo monopolista y el capital financiero se hallaba relacionado con la agudización de la lucha por el reparto de los mercados, donde todos los principales Estados capitalistas se esforzaron por adquirir colonias, por lo que Lenin sitúa el surgimiento del capital financiero y la oligarquía financiera precisamente cuando comienza el auge de la lucha por las conquistas coloniales, por el reparto territorial del mundo (mercados y materias primas).


La originalidad de Lenin fue en captar la esencia del fenómeno sobre aquello que Hobson y Hilferding habían observado. El imperialismo aparece así no como una política concreta, sino como su etapa superior en la cual la libre competencia es sustituida por el monopolio.


También desde entonces sabemos que el beneficio de la oligarquía financiera rentista es varias veces mayor que el comercio exterior del país más comercial del mundo, y que el mundo queda dividido entre Estados usureros (imperialistas) y una mayoría de Estados deudores (dependientes) (11). También sabemos desde Lenin, que el imperialismo es el dominio del capital financiero, el capitalismo en su grado más alto con el predominio de la oligarquía financiera rentista. 


Generalmente la oligarquía financiera controla más del 50% del accionariado de la empresa principal de una actividad y con muchísimo menos del 50%, controla y somete al resto de filiales, redes de empresas y bancos, de esta manera la oligarquía financiera con un capital del 12,5% (1 billón de €, por ej.) puede llegar a controlar 8 billones de € de sociedades filiales y “nietas”, de esta manera es posible que sin llegar a poseer un capital demasiado grande se pueda dominar sobre ramas gigantescas de la producción. Desde la cúspide, la oligarquía financiera planifica estrategias para frenar la caída de la tasa de ganancias (12) acelera la explotación y sobreexplotación del proletariado entre diferentes países, atacando el coste laboral de forma sistemática y brutal. Ya en 1959, entre 1429 sociedades anónimas yanquis, el 98,7% de los accionistas sólo poseía el 38,9% de las acciones, mientras que el 0,3% concentraban el 46,7%. En Gran Bretaña de las 30 principales compañías, el 96,4% de los accionistas poseían el 40,1% de las acciones, mientras que el 0,5% poseían el 35,9%. Un pequeño número de grandes accionistas poseen tantas o más acciones que la gran masa de accionistas y controla las compañías enteras. La sociedad anónima por acciones favorece la creación de la oligarquía financiera, representa una importante etapa en la socialización del crédito, asistiendo a una separación pronunciada entre el empresario y el rentista.


En el modelo  neoliberal del último cuarto de siglo se ha reforzado la fluidez del movimiento de capitales bajo la batuta de las oligarquías financieras y rentistas. Pero éste es un fenómeno que ya comenzó con la exportación de capitales del siglo XIX y que define la actual fase imperialista y el capitalismo monopolista de Estado del S.XX en el cual se encuentran los monopolios gigantes que dominan el mundo.


La bolsa ha ido reemplazando a los bancos, como la principal fuente de inversión, para las empresas. Estas encuentran la financiación de sus capitales no ya en los principales bancos, sino en los mercados bursátiles alimentados por la especulación. Ya Lenin siguiendo los pasos de Marx sobre la socialización del capital, argumenta: 


“Es propio del capitalismo en general el separar la propiedad del capital y la aplicación de éste a la producción, el separar el capital monetario y el industrial o productivo, el separar al rentista, que vive sólo de los ingresos procedentes del capital monetario, y al patrono y a todas las personas que participan directamente en la gestión del capital. El imperialismo, o dominio del capital financiero, es el capitalismo en su grado más alto, en el que esta separación adquiere unas proporciones inmensas…” (13).


Para la acumulación de beneficios el capital financiero, concentrado en un puñado de oligarcas, goza del monopolio efectivo, obtiene un beneficio que crece sin cesar en la constitución y control de sociedades anónimas, la emisión de valores en bolsa, la deuda pública del Estado, consolidándose su dominación imponiendo a toda la sociedad a través del Estado capitalista los tributos (políticas fiscales, monetaristas, moderación salarial, regresión laboral) en provecho de los monopolistas. No sin razón Lenin en El imperialismo fase superior del capitalismo decía que el predominio del capital financiero sobre todas las formas de capital implica el predominio del rentista y de la oligarquía financiera, con la hegemonía de unos cuantos Estados imperialistas dotados de una potencia financiera por encima de todos los demás (14).


El periodo presente es la aplicación de lo que Lenin, hace más de 90 años nos decía, la dominación del capital financiero en la lógica del capitalismo, la hegemonía de las formas del capital financiero, los bancos, los fondos de inversión y pensiones operando en las bolsas; la supremacía de los mercados financieros, establecidos en las citys del capitalismo (Wall Street en EE.UU., Londres en Europa y Tokio en Japón) que dictan sus condiciones a otros países por medio del FMI, el Banco Mundial, y el Banco Central Europeo, organismos gestionadores de la deuda. Donde la obligación de la tasa de ganancia pasa por la explotación acelerada de la clase obrera a escala mundial. Esta internacionalización de los movimientos de capital y las producciones bajo el dominio de los monopolios y la oligarquía financiera, hacen más complicada la intervención independiente de los Estados nacionales bajo el capitalismo, por el hecho de que los capitales son móviles y los especuladores sancionan aquellas políticas que no les gustan a sus intereses, de esta forma se refuerza la ideología liberal, la ideología del “libre mercado” que perpetúa el desarrollo desigual (proteccionismo en el norte, librecambio en el sur) bajo la égida del capital financiero, donde las áreas de “libre” comercio sirven para absorber los mercados nacionales garantizando la “libre” competencia exclusiva a las transnacionales.


Por todo lo dicho, carecería de sentido situar ¡¡¡hoy pleno S.XXI!!! que la oligarquía financiera sea una “nueva clase”. Ya no hay colonias, pero el reparto territorial del mundo en el S. XXI bajo el imperialismo y el empuje de las oligarquías financieras esta inacabado. Eso es algo incuestionable. El cuadro actual de la crisis estructural del sistema capitalista es Imperialismo= dominio de la oligarquía financiera  +ajuste laboral frente a la tendencia decreciente de la tasa de ganancias+ políticas estatales de sojuzgamiento del mundo periférico.


Por tanto, el poder del Estado capitalista se convierte en la dictadura de la oligarquía financiera. La creciente socialización de la economía obliga a aquella a investir al Estado con un papel económico fundamental, el capitalismo monopolista de Estado, que es la fusión del Estado con los monopolios y la oligarquía financiera. Halliburton, Chevron, Volskwaguen, etc., se encuentran directamente representados en el aparato del Estado capitalista, constituyen la clase económicamente dominante que gracias al aparato del estado se convierten en la clase políticamente dominante. Cualquier capitalismo necesita al Estado como capitalista colectivo que lleve a cabo las tareas jurídico-políticas e ideológicas de los jefes de empresa,  banqueros, y grandes hacendados. Se puede constatar dos modalidades de intervención estatal en la economía; la 1ª incluye la subordinación directa al Estado de unas u otras empresas y sectores de la economía (estatización), nacionalización de empresas privadas o constitución de nuevas empresas con inversión de capital estatal; la 2ª incluye formas sobre la economía que se orientan hacia una influencia indirecta a través de la regulación estatal, por medio de la política financiera, monetaria, crédito, actividades extraeconómicas y legislativas que afectan a la economía, que favorecen la concentración del capital financiero.


En la actualidad la oligarquía financiera no extiende su control a monopolios e industrias sueltas, domina sobre toda la economía, sobre todo el ciclo de capital (monetario, productivo y mercantil), y sobre los aparatos del Estado, utilizando un creciente número de gerentes a sueldo que cumplen las principales funciones administrativas en las compañías industriales, comerciales, financieras y en los aparatos del Estado, de forma móvil e intercambiable. Los Estados bajo el neoliberalismo se redimensionan y privatizan gran parte del patrimonio público en beneficio de las oligarquías financieras dueñas de las empresas Transnacionales.


Los diferentes modelos de acumulación de capital bajo el imperialismo no cambian el carácter del Estado como capitalista colectivo, como capitalismo monopolista de Estado, ya sea bajo el modelo neoliberal de Tatcher y Reagan con las recetas de Friedman o bajo el modelo keynesiano con las recetas de Keynes.


Desde hace más de un siglo los presupuestos del Estado no han parado de crecer (los gastos estatales de EE.UU. pasaron del 7,1% del PIB en 1913 al 33,2% en 1970, en Alemania pasó del 15,7% al 42,5%). No sólo bajo el modelo keynesiano sino también bajo el neoliberalismo, porque cuando los neoliberales hablan de achicar el Estado, lo único que refieren es que el Estado se haga menos cargo de los gastos sociales públicos, que la reproducción del capital variable se haga a un coste menor, y que se haga más cargo de las necesidades para la acumulación de capital. Es decir, la cuantía de los gastos públicos no determina su carácter, precisamente Tatcher y Reagan llegaron a un mayor gasto público, evidentemente aumentando exorbitadamente los gastos militares y el apoyo a Transnacionales en crisis con dinero público. Entre 1.980-1996 en 14 países de la OCDE el gasto público aumentó el 3,7% del PIB alcanzando el 47,1%, incluyendo medidas neoliberales, en el reverso los gastos públicos de protección social bajaron.


Por tanto, en el neoliberalismo la función económica del Estado capitalista sólo cambia sus formas, no sus contenidos. El Estado sigue jugando el papel de reproductor del capital constante, ya que en la mayoría de países las exenciones fiscales se hacen extensivas a las cuotas de amortización de capital y a las sumas destinadas a la inversión. Y por último sigue reproduciendo la plusvalía al sostener inversiones en infraestructuras y tecnologías necesarias para la acumulación de capital (logística vial, fomento de la tecnología…) y que el capital privado no puede sostener en su globalidad, por ej. en España sólo el AVE ha supuesto una inversión de casi 100.000 millones de euros de dinero público. Además, y con la reciente crisis lo vemos más patente, el Estado capitalista sigue siendo necesario y más que nunca para acometer las medidas anti-crisis que se necesitan para frenar la caída de la tasa de ganancias, a costa del empobrecimiento de las poblaciones. Sin la actual inyección de recursos públicos a los bancos el capitalismo se hundiría. Por tanto, el Estado intervencionista bajo el neoliberalismo no desaparece, cambia su forma, la acumulación de capital necesita del Estado para sobrevivir.


Es con los tributos y cotizaciones sociales que recauda de los trabajadores, como el Estado capitalista se hace cargo de la infraestructura que necesitan los monopolios, mientras aquella no puede ser explotada de forma rentable, y regula la economía en beneficio de los mismos mediante sus presupuestos, política monetaria y de precios y salarios, regula el mercado de trabajo para aumentar la tasa de explotación de la fuerza de trabajo, compra buena parte de la producción monopolista (complejo militar-industrial, obras públicas, etc.), ayuda con subsidios y exenciones fiscales a la empresa privada, apoya la expansión imperialista y neocolonial de sus Transnacionales, concierta alianzas o integraciones internacionales como la UE para luchar por un nuevo reparto del mundo que les favorezca frente a otros competidores, lucha contra los países anti-imperialistas y socialistas, impulsa la movilización para la guerra y la reconstrucción y ajustes posbélicos, etc., y ahora bajo la crisis vigente destina prioritariamente el gasto público a pagar la deuda financiera que han creado los bancos.¿Quién dice que bajo el neoliberalismo el Estado capitalista desaparece?. Los ideólogos del capital.


 


 


La órbita transnacional del imperialismo, contradicción y lucha de clases


El imperialismo desde finales del siglo XIX hasta nuestros días se caracteriza por los monopolios, el capital financiero, la exportación e importación de capitales, el intercambio desigual centro-periferia, las guerras por el reparto territorial y control de los recursos y la gestión de la crisis general del capitalismo, ya que esta no sólo es económica sino política e ideológica y depende del resultado de la lucha de clases.


Históricamente el imperialismo ha atravesado por 4 etapas. La primera de finales del S.XIX y principios del S.XX, donde los capitales se desplazan a la periferia (exportación de capitales) para solventar las crisis de Alemania, Francia e Inglaterra entrando en una rivalidad imperialista por el reparto de las colonias, la cual se resuelve por medio de las armas. La segunda etapa, posterior a la Iª Guerra Mundial con el afianzamiento de la URSS como contrapeso revolucionario al Modo de Producción Capitalista, en alianza con el movimiento obrerode los países capitalistas y los pueblos colonizados. Tras la IIª Guerra Mundial se inicia una tercera etapa que dura hasta 1.973, con tasas de crecimiento económico en todos los países capitalistas, tanto en el centro como en la periferia, en esta etapa la importación de capitales (repatriación de las ganancias, intereses por “ayudas al desarrollo”, etc.) gana más peso en proporción inversa hacia los Estados imperialistas. Cuarta etapa que coincide además con la caída de la URSS (eliminación del contrapeso mundial) y el inicio de un nuevo reparto por la recolonización de las nuevas zonas de influencia en Europa Oriental, Asia y África.  


El capitalismo monopolista de estado como fase última del imperialismo forma a nivel internacional un sistema desigual en la cadena imperialista con el centro -las metrópolis imperialistas- y la periferia -los países dependientes-. Aparece en el momento en el que el mundo ya está repartido entre los Estados imperialistas, y la crisis estructural del capitalismo empuja hacia un nuevo reparto de mercados y a la guerra imperialista.


Se rompen las barreras nacionales, economías, fronteras, leyes, culturas e identidades que obstaculizan el desarrollo de los monopolios Transnacionales, en beneficio de la oligarquía financiera que ha logrado apropiarse de la mayor parte de las riquezas del mundo. La transnacionalización del monopolio y del Estado imperialista, constituye la esencia de la metamorfosis del capitalismo contemporáneo.


En tal contexto, a diferencia de Kaustki (ultraimperialismo) Lenin, de acuerdo con Rosa Luxemburg, demostró que el desarrollo de la tendencia de concentración monopolista hacia un único trust internacional estaría agudizada por la ampliación de las contradicciones interimperialistas y por los desafíos de la lucha de clases.


La primera experiencia de alianza de las potencias imperialistas en un objetivo común que apartara a un segundo plano las rivalidades, fue la lucha para conjurar el fantasma del comunismo en Europa occidental y enla Rusia soviética (agresiones, bloqueos, etc.). No obstante, Lenin advertía que si no triunfaba el socialismo, la tregua entre los Estados capitalistas sería simplemente una pausa para la preparación de una nueva matanza. La crisis de 1.929 paralizó la mitad de la economía mundial, desató un proceso masivo de absorción monopolista de capitales arruinados, que aceleró como nunca la concentración de la producción y la propiedad, y catapultó al poder a la forma más agresiva y transnacionalizadora del imperialismo, el nazifascismo –espacio vital-, cuya fortaleza militar daba al traste con la posición que descansaba sobre la posibilidad de una conciliación interimperialista a largo plazo.


La transnacionalización de la concentración del capital en los años de la postguerra fue acompañada de una transnacionalización política e ideológica que se subordinaba a la urgencia de concertar una alianza interimperialista global capaz de enfrentar el creciente avance del socialismo en su guerra de posiciones contra el capitalismo en general. La expansión del capitalismo en postguerra tiene lugar sobre la base de una paz a regañadientes entre las potencias imperialistas, obligadas a solucionar sus conflictos sin recurrir a guerras interimperialistas y articular un frente internacional bajo la batuta de EE.UU. contra el movimiento revolucionario internacional.


De esta manera se explican las razones por las que el capitalismo monopolista de Estado se vio obligado a redistribuir una parte de la plusvalía global y poner en marcha políticas orientadas a elevar la calificación de la fuerza de trabajo, elevar la capacidad adquisitiva de la clase obrera, niveles de educación, empleo, seguridad social y salud. La creciente organización y beligerancia del proletariado en los países imperialistas y la urgencia de contrarrestar las ideas comunistas fueron los fundamentos reales de las modificaciones en las formas de distribución de la riqueza en la sociedad capitalista y la construcción ideológica del Estado de Bienestar, mediante la cual las conquistas sociales de la clase obrera y los movimientos por los derechos civiles fueron presentados como beneficios voluntarios del capitalismo “con rostro humano”.


En realidad estas políticas keynesianas fueron la respuesta al mayor desafío que ha existido en la historia del capitalismo, la existencia de la URSS y los países socialistas, ya que frente a la carrera de armamentos impuesta por el imperialismo, los países socialistas impusieron su peculiar carrera de bienestar social con sus poderosos servicios públicos.


En realidad estas políticas keynesianas también tenían una fuerte base para ser aplicadas con éxito en los países imperialistas, siendo acompañadas con una fuerte explotación de los países dependientes de la periferia –neocolonialismo-, lo que sostenía una tasa de ganancias lo suficientemente jugosa para la oligarquía financiera (importación de capitales).


En 1.973 se funda la Trilateral, por el banquero D. Rockefeller, que llegó a contar con 300 representantes de Transnacionales de EE.UU., CEE y Japón, y se convirtió en el máximo exponente de la ideología y la política de la llamada corporación global, considerada por ellos como la expresión más avanzada del desarrollo capitalista, a la cual era necesario subordinar toda otra forma de organización económica, política y social. Más allá de la retórica utilizada para orquestar la inevitabilidad de un proceso de globalización regido por las Transnacionales, la reducción del espacio vital para la reproducción ampliada del capital a escala global (por la existencia de los países socialistas), y la presión a la baja de las tasas de ganancias exacerbaba la competencia interimperialista y obstaculizaba la marcha hacia el trust único y el “Estado capitalista global” (posición leninista).


La hegemonía de la concepción globalizadora de la Comisión Trilateral no resistía los embates de una realidad caracterizada por la sobreproducción de mercancías y capitales, que intensificaban la competencia interimperialista EE.UU.-Japón-UE. Lo que empujaba al capital a realizar una contra-reforma fiscal y laboral capaz de convertirse en un factor contrarrestante de la tendencia de la cuota decreciente de la tasa de ganancias de los monopolios. La burguesía, ya antes de la contrarrevolución en la URSS, no podía mantener en Occidente la política económica keynesiana con salarios crecientes, y volvieron al concepto de reducir los costes laborales y los gastos sociales.


Tras la crisis de 1973 se enterraría el keynesianismo como expresión del capitalismo monopolista de Estado. Su lugar lo pasó a ocupar la doctrina neoliberal, como emanación de un imperialismo transnacional que se enfrenta a dificultades para su expansión, incapacitado para aplicar políticas redistributivas, y promotor del recrudecimiento de la agresividad militar. Se relanzaba a las Transnacionales para reconquistar los recursos naturales y producir a un coste menor en los países dependientes. Países imperialistas como EE.UU y Gran Bretaña impulsan la reconquista de los países que habían conseguido su independencia en los años 50-70, recuperaron su influencia política y económica para que sus Transnacionales pudieran producir más barato y dilapidar sus recursos. Desde los años 80 el imperialismo ha acelerado la deslocalización de la producción a esos países, promocionando la competencia entre obreros del centro y la periferia mundial, y desde la guerra del golfo (1991) se ha abierto una escalada militar y de guerras, donde las guerras interimperialistas han sido sustituidas por las guerras en la periferia y excolonias (Balcanes, Oriente Medio, África), apoyándose el imperialismo yanqui en su aplastante superioridad militar, con su extensa red de bases militares para la promoción de guerras, también para impedir que sus rivales (Alemania, Japón, etc.) destaquen, y garantizar el monopolio sobre el control de las rutas y suministro de los recursos energéticos. La rivalidad interimperialista cambia de rostro pero no desaparece (imperialismo colectivo –Samir Amin-).


Una vez liberado del reto que entrañaba la existencia de la URSS y el sistema de países socialistas europeos, el imperialismo encuentra entonces condiciones favorables para avanzar su proyecto de transnacionalización y desnacionalización (15), negación de las soberanías nacionales de los países dependientes, de la periferia.


Toda esta descripción del imperialismo, puede ser acusada de que no aporta nada. Este análisis ignora launiteralidad o multilateralidad, unipolaridad o multipolaridad del desarrollo capitalista que son los adjetivos “modernos” utilizados por cierta economía política y cierta sociología burguesas, para denominar el ciclo capitalista internacional actual.
..... Sigue en el original
http://www.larepublica.es/2013/01/bajo-la-dictadura-

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