MOVIMIENTO ANTIGLOBALIZACIÓN

De abajofirmantes a lameculos

 9 de febrero de 2003

De abajofirmantes a lameculos
Javier Ortiz www.javierortiz.net 


Santiago Carrillo consagró esa denominación tan pomposa: «las fuerzas de la
cultura». Fue aquello en vísperas de la transición. El entonces secretario
general del PCE se refería a la intelectualidad y el artisterío. Según él,
ese personal estaba destinado a las más altas metas. España iba a
convertirse en el faro y guía de la izquierda de Occidente gracias a «la
unión de las fuerzas del trabajo y de la cultura».

No sé cómo se las arregló Carrillo para que sus sucesivos inventos
programáticos me parecieran siempre perfectos bodrios, uno tras otro. En
todo caso, éste no fue excepción. Desde el primer momento consideré que era
absurda la identificación que establecía entre los artistas e intelectuales
y la izquierda. Siempre ha habido artistas e intelectuales de posiciones
políticas muy reaccionarias pero de pensamiento e ingenios muy valiosos
–así, sin ir más lejos, y por poner un ejemplo: Quevedo–, del mismo modo
que siempre ha habido grandes artistas muy ignorantes en todo lo ajeno a su
especialidad. Y por qué no. Y a mí qué.

Es bien cierto, eso sí, que la opinión pública de los 70 y primeros 80 se
acostumbró a considerar que esos gremios estaban vinculados en su mayoría
con el conjunto de las causas comúnmente tenidas por progresistas. Cosa que
se consiguió, en buena medida, gracias a la fantástica proliferación de
manifiestos firmados por notables de las letras, las cátedras, los
escenarios y los platós, manifiestos que empezaban sistemáticamente con la
misma fórmula ritual: «Los abajo firmantes...» y que proseguían luego de
cualquier modo: defendiendo el derecho al aborto, solidarizándose con tales
o cuales represaliados, opiniéndose al ingreso de España en la OTAN,
reclamando mayores cotas de autonomía para las nacionalidades y regiones,
criticando la existencia de este o aquel campo de tiro para uso y disfrute
de las Fuerzas Armadas... En fin, de todo. Apenas había día que los
periódicos no publicaran algún manifiesto de este tenor, lo que condujo a
que, poco a poco, los artistas e intelectuales que más frecuentemente
aparecían en ellos, acabaran por ser conocidos como los abajofirmantes.

Pero pasó el tiempo. Y con su ayuda y bastantes más, el PSOE acabó por
llegar al Gobierno. Lo que entrañó la deserción de buena parte de los
abajofirmantes y su consiguiente integración en tales o cuales áreas
progubernamentales.

Se cuenta que Goebbels decía: «Cuando oigo hablar de cultura, echo mano a
la pistola». Nunca me he creído la supuesta anécdota, porque me consta que
el jefe de propaganda de Hitler era un hombre culto. Nazi y repugnante,
pero culto (estamos en lo de antes). En todo caso, lo que sí es verdad es
que el PSOE dio al dicho un giro no por esperado menos productivo. Lo suyo
fue: «Cuando oímos hablar de cultura, sacamos la chequera».

Empezaron a comprar intelectuales y artistas a tanto el kilo, y se quedaron
solos. ¿Que éste es del teatro? Subvención al canto. ¿Que del cine? ¡Ración
doble! ¿Catedrático de qué, dices? ¿De Filosofía? Con cuarto y mitad va que
chuta. ¿Que ésta canta y vende? Me la saques de pregonera en media docena
de pueblos de la periferia, y a millón el bolo. Y me traes al otro a la
Bodeguilla para echar un billar. Y sondéamelo a ver si vendría al mitin del
sábado: como te diga que no, me lo pasas a la lista negra (pero te dirá que
sí, ya verás).

Había mucho dinero, pero demasiada gente. Al final, flaqueó el presupuesto.
Era imposible comprar a todos, incluso contando con los que se negaban a
fijarse una tarifa. Incluso contando con los que no querían saber nada de
sociatas, por la derecha o por la izquierda.

Con lo cual quedó un cierto remanente de abajofirmantes, que siguieron
–aunque mucho más espaciadamente– dando la vara: que si los GAL, que si la
corrupción, que si la OTAN, que si el paro, que si el nepotismo... El PP se
interesó por algunos, y congenió con un puñado. Logró hacer buenas migas –y
le encantó: se lo tomó casi como si fuera una travesura– con algunos
veteranos izquierdistas hartos de no pintar nada en la buena sociedad y
dispuestos a demostrar al mundo hasta qué punto habían conseguido superar
«la tópica división derecha / izquierda». Y también con más de un viejo
enfant terrible de las letras, del periodismo... o de lo que sea, dispuesto
a subirse a cualquier carro con tal de no tener que andar.

Cuando el PP llegó al Gobierno, hizo lo que pudo. Como antes el PSOE. Tiró
de chequera. Y compró lo que le pareció más interesante, dentro de lo que
quedaba disponible (o de lo que volvía a estarlo, tras el fiasco
socialista). No captó ya tanto, pero sí lo suficiente como para
desmantelar, ya casi por entero, el gremio de los abajofirmantes.

Ahora sigue saliendo de vez en cuando algún manifiesto. Lo sé, porque los
firmo casi todos. Pero ya apenas queda rastro de la recua inevitable de los
tiempos de la transición, de las viejas «fuerzas de la cultura» que adulaba
Carrillo. Incluso cuando te topas con una buena porción de aquellas
supuestas veteranas glorias paseándose por el escenario de los premio Goya
con una pegata contra la guerra cogida con un imperdible al vestido (lo han
explicado: «Para no estropear los trajes»), no puedes evitar que te entre
la risa: «¡Pero adónde va ése, que sostuvo al PSOE durante la Guerra del
Golfo y disculpó los GAL!», «¡Pero anda y mira la otra, qué morro!»,
etcétera. Están ahí, abriéndose un hueco entre los que sí siguen en la
brecha, y combatiendo, para vengarse de la última subvención que les han
negado, o para ganarse simpatías, o para parecer algo.

Haced el recuento de lo que fueron en su día los abajofirmantes. Veréis que
el 90% son ahora servidores entusiastas y disciplinados de alguna
multinacional, o complacientes correveidiles de algún gran emporio
multimedia, o directivos de alguna Fundación bancaria, o miembros de algún
comité semioficial (u oficial del todo), o aduladores de tal o cual gurú
con mando multimillonario en plaza. Lameculos, en suma.

Ésa ha sido su evolución: de abajofirmantes a lameculos. Y a eso seguirán
entregados, mientras les sigan pagando. Y mientras los tenedores del poder
continúen adulando su vanidad, fingiendo que les pagan a precio de oro por
razones que no tienen nada que ver ni con su lengua de cobradores serviles
ni con el culo maloliente de quien les paga.


Sitio Web de la Agrupación de Profesionales y Técnic@s del Partido Comunista de Madrid - http://www.profesionalespcm.org 
Los comentarios son bienvenidos
(profpcm@profesionalespcm.org): Mensaje a profpcm@profesionalespcm.org
Teléfono: (+34) 91 539 20 05 Fax. 91 539 03 37
Domicilio Social: C/Fray Luis de León, 11 - Esc. 2-2º (28012) Madrid. 

  Envíanos tu aportación, o comentarios via formulario.
ENVIAR LA PAGINA A UN AMIGO SIN NECESIDAD DE USAR TU CORREO ELECTRÓNICOEnviar página |
 
Recomendado reproducir material citando su procedencia..

 LA AGRUPACIÓN DE PROFESIONALES DEL PCM NO SE IDENTIFICA NECESARIAMENTE CON
TODAS LAS OPINIONES O ARTICULOS DE OTROS COLECTIVOS A LOS QUE HACEMOS
REFERENCIA, O CUYOS DOCUMENTOS O SITIOS WEB ENLAZAMOS. POR SUPUESTO, COMO
DEMOCRATAS Y DIALECTICOS CONVENCIDOS, NOS PARECE IMPRESCINDIBLE EL DEBATE Y
LA CONFRONTACION DIALECTICA, Y APOSTAMOS POR ELLO, INTENTANDO DIALOGAR CON
TODOS LOS MOVIMIENTOS Y FUERZAS SOCIALES DEL PLANETA, QUE DE UN MODO U OTRO,
BUSCAN LA LIBERACION DEL HOMBRE DEL YUGO DEL CAPITAL

Gracias por no fumar en los lugares comunes -
ACLAREMOS LAS COSAS: EL HUMO AMBIENTAL DEL TABACO TAMBIÉN MATA, COMO LA CONTAMINACIÓN PERO EN EL INTERIOR http://tobacco.who.int
GRACIAS POR NO FUMAR EN LUGARES COMUNES