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10 de noviembre de 2003 |
Un americano en La Habana
M. H. Lagarde
La Jiribilla
Aunque en muchos de sus textos Noam Chomsky se había
referido una y otra vez a Cuba, nunca había visitado la Isla. Según el
americano «imprescindible» o «imprudente», como algunos lo han llamado por
la agudeza y constancia de sus críticas al establishment norteamericano,
aunque su relación con la Isla se remonta a los inicios de la Revolución,
esa relación había sido hasta ahora abstracta. Solo existía a través de
documentos o libros de historias. De hecho, en su familia, él es tal vez el
único que no ha tenido la experiencia de vivir o de visitar la Isla.
Para poder venir por primera vez a Cuba, el académico norteamericano tuvo que
presentar una enjundiosa documentación para demostrar que CLACSO, la
organización que lo invitaba a participar en una conferencia en La Habana,
era una red de centros de investigación y docencia en Ciencias Sociales que
integra a 144 centros de investigación y enseñanza de América Latina y el
Caribe, y no una especie de pantalla del Gobierno cubano ni una
enmascarada compañía de viajes para facilitar el acceso ilegal de los
norteamericanos a La Habana. Para convencer de esto a los funcionarios del
Departamento de Estado, a Chomsky no le quedó otra opción que
presentar un informe de la Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires que
certificaba que CLACSO era una organización inscrita jurídicamente.
Ya con el permiso para viajar en la mano, le advirtieron: «Bien, pero usted
no puede pagar un centavo en Cuba». Al respecto, Chomsky presentó una
declaración jurada.
A la hora de comprar el boleto, según la agencia de viajes, el
formulario que le envió el Departamento del Tesoro de Estados Unidos
resultaba inadecuado. El profesor llamó a Washington para pedir un nuevo
formulario donde aseguraba que no desembolsaría ni un céntimo en Cuba. Para
que el Departamento de Estado emitiera la visa fue necesario demostrar, además,
su pertenencia a una institución académica en Estados Unidos: el
Massachusetts Institute of Technology.
La gestión volvió a complicarse cuando los funcionarios gubernamentales
supieron que Chomsky pretendía viajar a la Isla acompañado por su esposa
Carol Schatz. Para que ella pudiera viajar debía realizar los mismos
engorrosos trámites.
La esposa de Chomsky dedicó tres semanas a conseguir su permiso. Y
cuando por fin parecía que ya todo estaba listo para que el viaje se
consumara, un funcionario del gobierno envió un correo electrónico
advirtiendo que Noam Chomsky no podía viajar a nombre de una institución,
porque si surgía algún problema era preciso saber quién sería el
responsable. El Secretario ejecutivo de CLACSO se echó sobre sus espaldas los
«problemas» y los gastos de su invitado.
Noam Chomsky en CLACSO
Sorteada la madeja de contratiempos de las restricciones impuestas por el
Gobierno de Estados Unidos para impedir que los norteamericanos viajen a la
Isla, el prestigioso lingüista del Massachusetts Institute of Technology,
pudo arribar por fin a la Isla para participar al evento de CLACSO que del
27 al 31 de octubre se efectuaría en esta capital.
UNA CITA CON LA HISTORIA
Después de ofrecer su conferencia magistral durante el encuentro de CLACSO,
lo primero que hizo Noam Chomsky en La Habana fue encontrarse con la historia.
A las 11 de la mañana del día 29, el intelectual norteamericano visitó el
Museo Nacional de la Alfabetización, un pequeño local ubicado en la Ciudad
Escolar Libertad, antiguo cuartel Columbia, sede principal de las fuerzas
armadas del régimen de Batista.
Chomsky y su esposa Carol en el Museo Nacional de la Alfabetización
Situado al frente del antiguo polígono, y a solo unos pocos metros de la
mansión que el tirano ocupaba cuando andaba en funciones de General, la pequeña
institución atesora en sus estantes, entre otros objetos, muestras de los
uniformes utilizados por los alfabetizadores, cuartillas, manuales, un pizarrón
agujereado por las balas durante la invasión de Playa Girón, fotos y objetos
personales de los maestros asesinados durante la campaña por las bandas
contrarrevolucionarias y los faroles chinos utilizados para iluminar las
noches en los lugares más intrincados del campo cubano.
Noam Chomsky, acompañado de su esposa, observó los distintos objetos en
exposición al tiempo que escuchó detalles de la epopeya educacional cubana
narrados por la Directora del museo.
En la biblioteca de la modesta institución, el intelectual norteamericano y
sus acompañantes se encontraron con un grupo de visitantes de Ecuador que
realizaban una investigación sobre la experiencia cubana.
La Directora del museo aprovechó la ocasión para decir que la campaña no
había sido hecha solamente por cubanos. En ella habían participado un
ecuatoriano y también estudiantes y maestros norteamericanos. «En el mes de
agosto de este año, dijo la Directora, murió una de las maestras
norteamericanas que alfabetizó en Cuba».
La maestra norteamericana, según recoge la historia, durante la campaña no
solo se dedicó a enseñar, sino que además fue responsable de catorce
estudiantes devenidos educadores. Ella estaba en Cuba con sus dos hijos, la
mayor, una niña de doce años, también enseñó a leer y a escribir.
«Por eso, dice la Directora, estamos ayudando a todos los que nos soliciten
asesoramiento en alfabetización para de alguna manera contribuir a erradicar
los 800 millones de analfabetos que hay en el mundo.»
Cuba presta colaboración en este sentido en varios países del mundo, México,
Nicaragua, Haití, Guinea Bissau y en Nueva Zelanda.
Después, en uno de los salones del museo, Chomsky recibió una detallada
explicación sobre la campaña de boca de uno de sus principales
protagonistas: Armando Hart, el entonces ministro de Educación en funciones.
Hart explicó que antes de comenzar la alfabetización lo primero que hicieron
los dirigentes del gobierno revolucionario fue recorrer el país de una punta
a la otra. En todas partes, la gente pedía esencialmente dos cosas: maestros
y médicos.
La primera medida fue buscar recursos para poder realizar la campaña. En la
Cuba de entonces, el 50 por ciento de los niños en edad escolar no tenían
escuelas y existían 9 000 maestros en similar situación. Con los recursos
que contaba en ese entonces el Ministerio de Educación se podían crear 5 000
aulas. Cuando Fidel tuvo conocimiento de ello, propuso pagarles la mitad del
salario a los maestros y crear el doble de aulas. Para llevar a cabo una campaña
de alfabetización era necesario acabar primero con la principal fuente del
analfabetismo: la falta de escuelas.
«Entonces Fidel -recordó Hart, mientras Chomsky y Carol lo observaban
atentos desde sus asientos colocados en círculo alrededor de un único
ventilador-, planteó en el año 1960 en las Naciones Unidas que en el 61 Cuba
sería alfabetizada. Se creó un consejo popular de la educación integrado
por todas las organizaciones de masas del país. Los maestros existentes
sirvieron fundamentalmente para orientar a los 100 mil maestros voluntarios y
a todas las personas que tenían sexto grado se les pidió que enseñaran a
alguien. Entonces teníamos una consigna: «Que cada analfabeto tenga un
alfabetizador, que cada alfabetizador tenga un analfabeto».
La campaña que comenzó el primero de enero de 1961 culminó el 22 de
diciembre de ese mismo año. En solo nueve meses, Cuba se declaró libre de
analfabetismo.
Antes de marcharse, Chomsky y su esposa revisaron algunas de las 700 mil
cartas que los alfabetizados, de su puño y letra, le enviaron a Fidel. A los
visitantes les llamó especialmente la atención una de ellas, una carta
enviada por un campesino de 86 años y la de una mujer de 102, así como otra
que decía:
EN LA HABANA VIEJA
Cuando Chomsky intercambia opiniones con periodistas o lectores recuerda a uno
de esos grandes maestros del ajedrez expertos en simultáneas. Siempre tiene
una respuesta dispuesta para cada interlocutor que procura sus razonamientos
sobre algún tema de actualidad. De hablar parsimonioso, gestos escasos y
mesurados, Chomsky expresa sus criterios apelando a ese estilo de argumentar
muy suyo en donde su dominio del acontecer político se alterna con una
profunda sabiduría de la historia de los Estados Unidos. No es extraño que
suceda que una sola de sus respuestas termine convirtiéndose en toda una
conferencia.
Algo así sucedió durante la presentación del libro Chomsky en La Jornada,
-una recopilación de textos del politólogo norteamericano aparecidos en el
periódico mexicano del mismo nombre- que tuvo lugar en el portal del edificio
colonial, antiguo Palacio del Segundo Cabo, que hoy ocupa el Instituto Cubano
del Libro, en pleno corazón de la Habana Vieja.
Después de las palabras de presentación de Ricardo Alarcón, presidente de
la Asamblea Nacional de Cuba, -quien, junto a Eduardo Galeano y el
recientemente fallecido escritor español Manuel Vázquez Montalbán, es uno
de los prologuistas del libro-, y luego de una breve intervención del propio
Chomsky, el politólogo estadounidense accedió a intercambiar con un público
integrado por escritores, periodistas, lectores o curiosos que simplemente
pasaban por una de las plazas más concurridas de la ciudad.
En esta ocasión, la primera pregunta la hizo el novelista cubano Jaime
Saruski.
Saruski: Hace tres días en La Jornada salió publicado un artículo suyo que
al final decía que había sido publicado en The New York Times. ¿Significa
eso que la gran prensa norteamericana le está abriendo el candado que durante
muchos años le ha cerrado a usted en los Estados Unidos? Otra pregunta: Tengo
entendido que usted está estrechamente vinculado, desde el punto de vista
familiar, con una persona del país Vasco. ¿Cómo ve usted la relación entre
el gobierno de Aznar y el país Vasco?
Noam Chomsky: No fue un trabajo publicado en The New York Times, sino un
trabajo publicado en el The New York Times Sindicate. Está la corporación
del The New York Times y una de sus secciones recibe artículos enviados de
distintas partes del mundo y yo tengo muchos artículos publicados de esa
manera en esa sección. Pero muy pocos periódicos dentro de los Estados
Unidos aceptarían esos artículos para su publicación. No obstante, su
apreciación es correcta. Eso significa una gran apertura para la prensa
fundamental y es un cambio significativo en cuanto a la conciencia. Después
del 11 de septiembre, ha ocurrido una especie de apertura en la sociedad de
Estados Unidos. La sociedad estadounidense es una sociedad muy hacia dentro y
no conoce mucho de lo que ocurre en el exterior, ni se interesa mucho por lo
que ocurre en el resto del mundo. Esto hizo estragos en la década de los 80
cuando el tema fundamental era la guerra contra Nicaragua. Una buena parte de
la gente en Estados Unidos pensaba que el Gobierno de Estados Unidos estaba
apoyando al Gobierno nicaragüense en su guerra contra la guerrilla. Mi esposa
y yo visitamos Nicaragua en diversas oportunidades durante los años ochenta,
porque mi hija y su familia vivían allá. Amigos de ella, personas educadas,
suponían que nosotros íbamos a visitar a los contras y la razón de este
pensamiento estaba en que siempre se decía que Estados Unidos apoyaba a los
gobiernos en contra de las guerrillas. Ellos sabían que nosotros teníamos
unas ideas un poco locas y, por supuesto, seguro que íbamos a visitar a las
guerrillas.
Los ataques terroristas del 11 de septiembre llevaron a muchas personas a
darse cuenta de que es mejor conocer un poco más acerca del mundo y del papel
desempeñado por Estados Unidos en el mundo. Eso ha ayudado a liberar las
conciencias de muchas personas.
Un ejemplo de esto es que The New York Times, después de las grandes
manifestaciones que tuvieron lugar en febrero en contra de la guerra en Iraq,
decía en su portada: «Ahora hay dos superpotencias en el mundo: el Gobierno
de Estados Unidos y la opinión pública mundial» y esto incluye una gran
parte de lo que piensa de manera general la gente dentro del país.
Desafortunadamente, estos cambios no han tenido el alcance que debieran tener.
El caso de los cinco compatriotas cubanos ilustra muy bien este hecho. Prácticamente
nadie conoce los detalles del caso, y la pequeñísima fracción de la población
que lo conoce, piensa que estos cinco cubanos estaban allí para informarles
al Gobierno de la Isla y que están vinculados al derribo de la avioneta.
Existen numerosos ejemplos de cuánto nos queda por andar en ese sentido, para
que exista una comprensión realista de lo que ocurre en el mundo y cuáles
son las responsabilidades de la gente en Estados Unidos. Pienso que al final
se llegará a un punto en que ocurran esos cambios fundamentales.
Usted pregunta sobre el caso de Aznar y la población española, y voy a
hablar de la población española de manera general. Esta relación puede
demostrarse con el hecho de que Aznar decidió lustrar las botas de Bush y
Blair al apoyar la guerra en Iraq, aun cuando el 80 por ciento de la población
española se oponía firmemente a esta guerra. El mundo se da cuenta de que él
sigue las órdenes de Texas y no toma en cuenta las opiniones de su propio país.
Después del 11 de septiembre, muchos gobiernos del mundo, influidos por
Estados Unidos, se han dado cuenta de que tienen la posibilidad de imponer un
control aún mayor sobre sus poblaciones y aumentar la represión
interna con el pretexto de la protección contra el terrorismo. Este es un fenómeno
de alcance mundial y desde hace unos años esta represión es aún mayor en el
país Vasco. No obstante, debemos reconocer que se han producido
acontecimientos positivos en años recientes porque se ha logrado un
nivel significativo de independencia económica en el país Vasco, en Cataluña
y en otras partes de España. En ese sentido, España ha sido más avanzada
que otros países de Europa.
CON CHOMSKY EN POGOLOTTI
Fundado el 24 de febrero de 1911, el barrio de Pogolotti, fue el primer barrio
obrero de Cuba. Enclavado en el municipio habanero de Marianao y con un
80 por ciento de su población perteneciente a la clase trabajadora, Pogolotti
desde siempre ha tenido fama de ser un barrio marginal. De un tiempo acá, sin
embargo, Pogolotti ya no solo es memorable por sus peleas solariegas o la fama
de sus santeros o espiritistas. El barrio ahora se vanagloria también de sus
progresos sociales y así lo pudo constatar Noam Chomsky en un recorrido por
esa comunidad que duró gran parte de la mañana del jueves.
En el bario de Pogolotti
El importante intelectual norteamericano fue recibido por el presidente de la
Asamblea Nacional Ricardo Alarcón en la Casa Comunitaria y del adulto mayor
de 57 y 92, un lugar, donde según la presidenta del Consejo Popular de
Pogolotti, Odalis Verana, se realizan diferentes actividades con niños, jóvenes
y adultos, pero que dirige su trabajo fundamentalmente al adulto mayor.
Durante toda la mañana, una y otra vez, el lingüista y politólogo
norteamericano, devenido periodista improvisado, asediaría con sus preguntas
a sus anfitriones:
-¿Hay mucha población de ancianos en este barrio?
-Este reparto se caracteriza por tener una gran población de ancianos y
tenemos la suerte de contar con un centro interdisciplinario de salud.
-responde la presidenta del Consejo Popular.
-¿A partir de qué edad se considera a una persona adulto mayor? -pregunta
Carol.
-A partir de los sesenta?
Chomsky y Carol intercambiaron una cómplice mirada y compartieron una
carcajada.
Pero mientras recorre las calles del barrio ante la mirada curiosa de los
vecinos, Chomsky se interesa por asuntos mucho más serios.
-¿Qué es un Consejo Popular, cómo se llega a Presidente?
-Tenemos 16 circunscripciones -le explica la Presidenta mientras avanzan
caminando por el medio de la calle 55-. Luego que se eligen sus 16 delegados,
ellos determinan quién los va a dirigir y así surge la dirección del
Consejo Popular. Son varios barrios, en el caso nuestro hay barrios y fincas.
-¿Cuál es la función del Consejo respecto a la vida de los vecinos? -indaga
Chomsky
-Controla, fiscaliza las actividades administrativas, pero además aglutina,
coordina y agiliza cualquier trámite de la población.
-¿Pone servicios a disposición de la población, tienen responsabilidad
sobre las escuelas y centros de salud?
-Sí y de las industrias, las empresas. Todo lo que esté enclavado en el
territorio?
-¿Cuál es aquí la principal fuente de trabajo? -pregunta el politólogo.
-La gente se traslada a otros lugares de la ciudad, no tenemos grandes fábricas
-le dice la Presidenta.
En el recorrido Chomsky visita, además de un centro comunitario de conservación
de alimentos, el consultorio médico que está en la esquina de 100 y 57. El
consultorio, un pequeño apartamento de cuatro habitaciones, está ubicado en
la planta baja de un edificio.
Él y su esposa quieren saber todo acerca del funcionamiento de este centro de
atención primaria de la salud. Luego de innumerables preguntas sobre la
lactancia materna y la atención a las madres embarazadas, dice Chomsky:
-¿Han tenido algún caso de desnutrición entre los niños?
-Solo uno una vez -le responde la doctora del consultorio. Su nombre es Marta
y debe tener unos 30 años-, pero su desnutrición tenía que ver con una
patología asociada.
-¿Tienen problemas de enfermedades contagiosas?
-Existe un grupo de riesgo, pero es sistemáticamente atendido.
-¿Enfermedades tropicales?
-Recientemente hubo un brote de dengue, pero nosotros tuvimos muy pocos casos.
Chomsky pregunta si es muy difícil para la población el acceso a la atención
médica.
-La gente viene y se les atiende lo antes posible -dice Marta.
-Hace poco -dice Chomsky- tuve un sangramiento incontenible en la nariz. Al único
lugar que podía ir, era al mejor hospital de Boston. Tuve que esperar tres
horas para que me atendieran.
-Esto es superior -dice Carol sonriente.
ESTO NO ES EL PARAÍSO
Después de visitar la escuela primaria Hermanos Montalvo, donde Chomsky y sus
acompañantes se pusieron al tanto de las más recientes reformas
educacionales cubanas y de visitar el Joven Club de computación de Pogolotti,
la comitiva visitó el Centro Memorial Martin Luther King Jr.
El reverendo Raúl Suárez, director de la institución religiosa, les sirvió
a los visitantes de guía por las diferentes instalaciones y luego, en una de
las habitaciones del centro, informó a Chomsky sobre la historia y las
funciones del Memorial.
Sentados en un sofá, mientras toman un jugo de naranja, Chomsky y Carol
escuchan al reverendo.
-Tratamos de demostrar que la teología de la liberación no pertenece al
pasado porque la razón de ser del pobre todavía existe. El esquema que
nos enseñaron los religiosos norteamericanos entró en crisis con el
humanismo de la Revolución. Antes de terminar la década del 60, el 70 por
ciento de los pastores se habían ido hacia los Estados Unidos. Los que nos
quedamos no teníamos una base teológica para responder a los desafíos
que nos planteaba la nueva situación. Martin Luther King nos enseñó que hay
suficiente base bíblica y teológica para vivir la fe en un proyecto
socialista mucho mejor que en un país capitalista. No tenemos que decirle que
creemos en la Revolución. La Revolución es una alternativa al capitalismo
por lo que tenemos una base bíblica suficiente para sentirnos parte del
proceso revolucionario. A veces, me emociono cuando defiendo la Revolución, y
algunos norteamericanos me han dicho: « ¿Entonces Cuba es el reino de Dios?».
Yo les contesto con los versos de una canción de un cantautor cubano que le
canta a una mujer ideal. Él dice: «No es perfecta, mas se acerca a lo que yo
siempre soñé». Cuba no es el reino de Dios, pero ha demostrado que los
ideales cristianos pueden realizarse aquí en la tierra, que no hay que
esperar el cielo.
El reverendo le pide disculpas al intelectual norteamericano por el sermón.
Chomsky, asiente comprensivo. El día anterior, durante el lanzamiento de su
libro en el antiguo Palacio del Segundo Cabo, había dicho: «Soy una de las
muchas personas que alrededor del mundo ha admirado el valor y el compromiso
del pueblo de Cuba para defender su independencia ante acciones criminales que
se remontan a muchos años.
«Ahora, ya se sabe, cuán enorme ha sido la contribución de Cuba a la
liberación de África, a la libertad y el desarrollo de otros países, como
es el caso de Venezuela hoy. En la actualidad, no hay ningún país en el
mundo que, en este sentido, pueda compararse con Cuba. Sus
contribuciones son realmente sorprendentes: la defensa de Angola contra la
agresión Sudafricana y el envío de médicos, a zonas remotas donde pocas
personas trabajarían, para llevar a otros los logros de la Revolución
cubana. Los logros que ha obtenido Cuba en la educación, en la salud pública,
ahora sirven para aliviar el sufrimiento de otros pueblos. He podido apreciar
esas contribuciones a través del contacto personal, de la calidez y el
entusiasmo de un pueblo maravilloso.»
Después de tan ajetreada mañana, a Chomsky, el hombre que según se dice
suele simultanear criterios en sus presentaciones con miles de personas, se le
nota cansado. No obstante, antes de partir, al más reconocido crítico del
Gobierno de Estados Unidos, todavía le quedan fuerzas para contestar -para un
documental producido por el Centro-, un racimo de preguntas sobre el
movimiento antiglobalización?
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