ESTADOS UNIDOS continúa atacando Irak

ESTADOS UNIDOS E IRAQ. PREPOTENCIA E IGNORANCIA. 

Ernesto Gómez Abascal
Funcionario del Dpto. de Relaciones Exteriores
Comité Central del Partido Comunista de Cuba
Ex embajador de Cuba en Iraq.

Cuando el 1ro. de mayo pasado el presidente estadounidense George W. Bush, enfundado en uniforme de piloto, proclamó abordo del portaviones "US Lincoln" el "fin de la operaciones en Iraq", con un letrero de fondo donde se leía "Misión Cumplida", posiblemente estaba haciendo gala de dos de sus más peligrosas características, prepotencia e ignorancia.
Han transcurrido solo seis meses desde entonces y la euforia mostrada en esos días por los dirigentes estadounidenses ha devenido al menos en desconcierto.
Sin embargo, no había que ser adivino para prever el escenario que podría presentarse y que estamos viendo por estos días con el crecimiento de la resistencia del pueblo iraquí y las bajas que constantemente están sufriendo los ocupantes, se trataba solo de conocer la historia y los sentimientos de los pueblos, cosa que los imperialistas desprecian hacer.
A pesar de que ganaron la primera etapa de la guerra, se habían lanzado a ella enfrentado no pocos obstáculos: no lograron obtener respaldo del Consejo de Seguridad y lejos de eso, los otros miembros permanentes de este Organo, incluidos aliados tradicionales de los EEUU, le hicieron fuerte oposición; no pudieron crear una coalición creíble; salvo Kuwait, ningún otro país fronterizo le permitió la entrada masiva de sus tropas, obligándolos prácticamente a penetrar en Iraq desde un solo frente; la inmensa mayoría de la Comunidad Internacional se opuso a la acción bélica; las manifestaciones populares contra la guerra alcanzaron niveles no vistos desde la guerra en Viet Nam. Por ello se puede afirmar que la parte político diplomática del conflicto ya la habían perdido cuando se inició la invasión el 20 de marzo.
A diferencia de la guerra de 1991, cuando contaban con respaldo bastante amplio debido a la evidente violación de la legalidad internacional cometida por el gobierno de Bagdad con su invasión y ocupación de Kuwait, ahora pretendían lanzar una guerra colonialista tratando de justificarla con argumentos poco creíbles que a pesar de su amplia difusión por los grandes medios de información resultarían probadamente falsos. Una de las grandes lecciones de este conflicto ha sido la subordinación de buena parte de la "gran prensa libre occidental" a la premeditada y consciente campaña de mentiras de los principales dirigentes de Washington, secundados por los no menos manipuladores gobernantes de Londres y Madrid.
Pero el haber perdido la fase político diplomática, los obligaba a obtener éxitos en el campo militar pues de no hacerlo correrían el riesgo de perder su condición de gran potencia hegemónica y para ello estarían dispuestos a emplear cualquier recurso, incluido el de las armas de destrucción masiva si hubiera sido necesario. El enorme poderío de su arsenal, cuya capacidad de destrucción nadie pone en duda y sobre todo su abrumadora superioridad aérea, unido a errores de concepción político militar por parte de los mandos iraquíes -entre otros factores- posibilitó la relativamente rápida toma de Bagdad. Ello lo lograron a pesar de que no se produjo la sublevación contra el gobierno de Saddan Hussein u otro tipo de conflicto interno, que fue un escenario para el que estuvieron trabajando fuertemente durante los meses previos a la invasión. Esta campaña subversiva había incluido el lanzamiento desde el aire de millones de panfletos escritos en árabe llamando a levantarse contra el gobierno y a no hacer resistencia a los "libertadores", miles de horas de transmisiones radiales y la infiltración en las ciudades chiitas del sur de grupos diversionistas.
Pero una cosa es la capacidad de destrucción y ocupación inicial, y otra es la capacidad de controlar y dominar sobre el terreno un pueblo que, armado con sentimientos patrióticos y fuerte ideología nacionalista, no está dispuesto a dejarse doblegar y humillar por tropas de un país que ha actuado durante muchos años contra su independencia, al que consideran soporte de su principal adversario, Israel, y enemigo de los pueblos árabes, de su cultura y su religión islámica. Un país al que consideran culpable de un bloqueo que durante más de diez años los había sumido en la miseria y que ambicionaba, mediante esta guerra colonialista, apoderarse de sus inmensas riquezas energéticas.
Cuando en los meses previos a la invasión analizábamos desde Bagdad la posibilidad o no de que los EEUU lanzaran la agresión, nos asaltaba siempre la duda de que planearan realmente enfrascarse en una invasión terrestre a partir de lo complicado que podría ser posteriormente, mantener la ocupación de un país de 438 mil kilómetros cuadrados y unos 25 millones de habitantes. Al margen de las simpatías o no que pudiera tener la población por el gobierno de Saddan Hussein, el iraquí es un pueblo educado con ideas patrióticas y fuertes sentimientos religiosos donde los conceptos de sacrificio y resistencia juegan un papel muy importante, aunque al parecer, en los programas de las computadoras del imperio no se consideran estos factores.
Algunos dirigentes árabe, amigos de los Estados Unidos, les aconsejaron antes de la guerra, que no se metieran en Iraq, que era un país muy complicado y que al destruir su entramado político y social, nadie podría asegurar qué pasaría. Pero el imperio no escuchó consejos y persistió en sus planes colonialistas proclamando pretensiosamente que convertirían a Iraq en "ejemplo de país islámico, estable y democrático", según palabras del propio presidente Bush.
Informes de la revista especializada en temas militares Jane´s, afirmaban que el estimado para mantener una ocupación efectiva, era de un soldado por cada 500 habitantes, lo que indicaba que para una población como la iraquí harían falta alrededor de 50 mil uniformados. Otras cifras también se manejaron y hoy se afirma que tienen unos 130 mil soldados y no les alcanzan.
Las gestiones para que otros países envíen tropas no han dado los resultados esperados y la decisión del gobierno turco de no enviar un importante contingente de 10 o 15 mil hombres ha sido un duro revés, aunque de haberse concretado hubiera servido de mayor complicación, pues ni siquiera los integrantes del Consejo de Gobierno impuesto por el imperio estaban de acuerdo en aceptar soldados de la antigua metrópoli colonial que hasta hoy mantiene ambiciones territoriales sobre el norte iraquí.
Hoy es evidente que el control que tienen del territorio iraquí es muy limitado, hay pueblos donde no han llegado las fuerzas ocupantes, ciudades donde casi no pueden permanecer y se limitan a patrullas rápidas o a establecer controles en las carreteras de acceso, como en los importantes centros chiitas del sur. En Bagdad hay barrios donde solo se atreven a entrar ocasionalmente y donde el control lo tienen milicias armadas del pueblo. Zonas donde el poder está en manos de jefes tribales o de notables cuyos seguidores están armados. En todo el país el denominador común es, aunque existan diferencias de secta o políticas, el rechazo a la ocupación extranjera.
Según el New York Times, preocupado por el ambiente de derrota que se está creando por la baja moral en las tropas donde comienza a penetrar el pánico, y por la repercusión que pueda tener todo ello en las elecciones presidenciales del año próximo, el presidente Bush criticó en reciente reunión del Consejo de Seguridad Nacional, lo lento que se viene haciendo el traslado de responsabilidades a las fuerzas del nuevo ejército iraquí. Sin embargo, la vieja maña colonialista de crear autoridades sumisas que repriman los sentimientos patrióticos y la resistencia de los pueblos parece que cuenta con pocas perspectivas en Iraq. El plan consistiría no en retirar las fuerzas de ocupación, sino sustraerlas de su labor de policía represiva en una dispersión que las hace muy vulnerables, para concentrarlas en grandes bases militares que aseguren el dominio del país.
Conociendo al pueblo iraquí, es difícil aceptar que logren constituir un ejército o fuerzas represivas que sirvan incondicionalmente a los intereses del imperio. Lo que están tratando de crear, tal vez ofreciendo ventajas económicas a sectores necesitados del pueblo, no les ofrecerá ninguna confianza y muchos responderán a los intereses del pueblo del que forman parte, no a los de los ocupantes.
Ya es conocido que las autoridades de ocupación no confían ni en los integrantes del Consejo de Gobierno que fue designado de dedo por el gobierno de Washington, casi todos traídos desde el exilio después de vivir cómodamente durante años, amamantados con el dinero de la CIA y el Pentágono. Muchos de estos tienen como mira solo sus propios intereses, la forma de participar en el rápido saqueo o las limitadas ambiciones de su comunidad o secta. Por ello los ocupantes comienzan a hablar de hacer cambios y de la posibilidad de crear un gobierno tipo Afganistán. Pero cualquier intento será inútil mientras no se tenga en cuenta la voluntad soberana del pueblo iraquí y sea éste quien elija a sus propios gobernantes de forma verdaderamente democrática, quienes seguramente no responderían a las órdenes de los EEUU. El gran dilema de los Estados Unidos es que no cuenta con la base mínima de apoyo nacional que le sirva de asidero.

LA RESISTENCIA

Para tratar de justificar la situación que se le viene creando, ahora apelan a nuevas falacias: "los que atacan son los remanentes del gobierno tiránico de Saddan Hussein"; "son extranjeros infiltrados desde países vecinos"; "sólo hay resistencia en el triángulo sunnita"; o "son células de Al Qaeda". Les cuesta mucho reconocer que es el pueblo iraquí el que hace resistencia, pues esto pone en evidencia su falso presupuesto de que iban a recibir a sus tropas como liberadoras.
Ciertamente es de suponer que una parte de las acciones de resistencia estén siendo llevadas a cabo por lo que quedó de las estructuras militares y de seguridad del anterior régimen, el partido Baas tenía sus propias milicias y existían fuerzas especiales de distintos tipos. Pero además se distribuyeron decenas de miles de armas a la población a través de las organizaciones de masas, de las tribus y estas se sumaron a las que tradicionalmente han estado en manos de la población. Cientos de miles de personas en Iraq tienen algún tipo de experiencia militar, saben manejar armas. Sin embargo no son solo los que pertenecieron o estuvieron vinculados al anterior gobierno los que están actuando contra la ocupación extranjera, tampoco es cierto que sean solo los sunnitas.
En Bagdad hay dos millones de chiitas y en algunos de sus barrios la autoridad es detentada por las milicias armadas del "ejército del Mehdi" y los estadounidenses casi no se atreven a entrar en ellos, allí se hacen acciones diariamente contra la ocupación. Baquba, ciudad al noreste de la capital, es casi netamente de población chiita y le han dado duro a los ocupantes. En Nassiriyah, ciudad del sur donde también predomina esa secta y donde le hicieron fuerte resistencia a los invasores en marzo, le han hecho importantes bajas a los ocupantes italianos.
Entre los chiitas, que constituyen alrededor del 60% de la población, hay distintas tendencias, pero no se debe cometer el error de considerarlos a todos vinculados a Irán, pues son ante todo iraquíes y árabes. De hecho, la corriente más fuerte y combativa la constituye la de los seguidores del hijo del Ayatollah Muhammad Sadeq al Sadr, asesinado en 1999, que proclaman abiertamente su oposición a la ocupación extranjera. Tampoco debe partirse de la idea de que los miembros de esta secta islámica son fanáticos extremistas, son en realidad musulmanes normales y la mayoría no están integrados en organizaciones de corte político, aunque son nacionalistas, patriotas y como parte de la población iraquí muchos tienen buena educación, los hay liberales y de izquierda.
Es verdad que algunos dirigentes chiitas participan en el Consejo de Gobierno designado por Washington, como es el caso del líder del Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq (SCIRI), cuyo hermano, el Ayatollah Mohamed Baqir al Hackim, pereció en atentado el pasado mes de agosto, al parecer por favorecer una actitud conciliadora con los Estados Unidos. Esta organización mantiene una milicia de unos 10 mil efectivos armados, que participa en la seguridad de importantes ciudades del sur y a quienes los ocupantes han estado tratando de desarmar, pues no tienen confianza en ellos. De hecho, la consigna que proclamaba la multitud enardecida en el entierro del dirigente asesinado, era "abajo América", palabra con la que identifican a los EEUU.
Ya las autoridades de ocupación aceptan que las acciones diarias de la resistencia ascienden a algo más de treinta, pero es evidente que están ocultando información. Muchas acciones que se llevan a cabo en lugares del interior del país, donde no hay presencia de la prensa, no se informan. Tampoco informan de las frecuentes y crecientes manifestaciones políticas masivas, las cuales han ido creciendo a la par que las acciones armadas. Sin embargo, no siempre logran controlar las imágenes de la televisión y de vez en cuando se filtran algunas en las que se ve a la población celebrando la destrucción de algún tanque o vehículo blindado en elocuente muestra de cuales son sus sentimientos.
Otro cosa que tratan de ocultar es la incalculable cantidad de muertos y heridos que está causando la represión dentro de la población iraquí. No se habla tampoco de los miles de prisioneros, ni de las condiciones en que estos son mantenidos o del tratamiento que reciben. Ni hablar de procesos judiciales o de derechos humanos. Están amenazando con incrementar las operaciones de castigo contra la población de aquellos lugares donde se les haga resistencia, lo cual ya lo han venido haciendo como copia al carbón del terrorismo de estado que llevan a cabo las tropas sionistas en los territorios palestinos ocupados.
Pero la prepotencia e ignorancia que llevó a la dirección neofascista estadounidense a la aventura de Iraq, ha comenzado a pasarle la cuenta a sus ejecutores. Hoy parecen alejarse los dos objetivos supremos por los que planificaron esta operación: explotar rápidamente el petróleo para compensar la inversión inicial de sus negocios guerreristas y ganar mucho más, y con esa fuerza adicional avanzar en sus planes de dominación de toda esa estratégica región.
El Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, uno de los principales impulsores de la aventura declaró hace unos días, al tratar de justificar las fuertes bajas sufridas por sus tropas a principios de noviembre, afirmó: "estas jornadas son necesarias en la guerra". Posiblemente coincidía por primera vez con el pensamiento del pueblo iraquí, que añadiría a su frase: "para sacarlos de nuestra patria".

*Artículo escrito para la Revista Cuba Socialista. Noviembre de 2003


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